Nuestra propuesta de hoy es para todos aquellos viajeros que gustan de la historia y la arquitectura como muestra de un pasado lejano que ha permanecido como recuerdo de acontecimientos importantes.
Nos dirigimos pues hacia la provincia de Guadalajara para visitar un sitio de destacada belleza, donde el tiempo parece haberse detenido. Llegamos así a la Villa de Brihuega una ciudad que fue un enclave romano, posteriormente conquistado por Alfonso VI, quien además se lanzó desde aquí a la reconquista de Guadalajara, Madrid, Talavera y Toledo, logrando el triunfo en varias de esas campañas.
Fue también Alfonso VI quien decide la donación tanto de la villa como de sus tierras a los arzobispos toledanos, otorgándoles además la potestad sobre sus habitantes, incluyendo el cobro de impuestos.
Se producen desde entonces varios hechos que marcarían el camino histórico de Brihuega como la repoblación de la villa, construcción de la iglesia parroquial de San Pedro y San Juan y posteriormente la creación de la iglesia de Santa María y la construcción de las murallas que rodearon la ciudad.
Diversos factores hicieron que Brihuega creciera en importancia, tanto por su estratégica ubicación en el Valle de Tajuña, como su clima y la instalación de gran cantidad de talleres tanto de curtidos como de hilados.
En época del arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada se construye en varias etapas el castillo que serviría de residencia de los obispos toledanos que visitaban la villa.
Diferentes hechos como la abolición del señorío arzobispal haciendo que la villa y todo su territorio pasara a manos de Felipe II, como la posterior salida de gran parte de su población emigrando hacia Nueva España (hoy México) generó cambios importantes, que se acentuaron con la posterior Guerra de la Sucesión hasta que finalizadas todas las contiendas tanto políticas como territoriales se establece como rey a Felipe V.
Brihuega posee hoy una extensión interesante y considerable que abarca varios municipios anexados, situada en el corazón mismo de la alcarria, entre Torija y Cifuentes a solo 33 kilómetros de Guadalajara y 85 de la ciudad de Madrid.
Todos estos acontecimientos históricos y las vicisitudes por las que atravesó la villa pueden verse reflejados en sus monumentos más emblemáticos como la Iglesia Santa María de la Peña que fuera construida en el siglo XIII por orden del arzobispo Ximénez de Rada y que guarda en su interior la imagen de la patrona de la localidad. Un ejemplo perfecto de la arquitectura cisterciense de transición entre el románico y el gótico.
También se destacan la Iglesia de San Miguel que data del siglo XIII con posteriores reformas pero conservando su magnífica portada románica y la Iglesia de San Felipe construida en el siglo XIII, destacándose como una de las más bellas construcciones de Brihuega.
Dentro de los edificios que nos hablan de su pasado económico se encuentra la Real Fábrica de Paños, que fuera mandada a construir junto al río por Carlos III durante la segunda mitad del siglo XVIII. De planta circular se distinguen sus jardines adornados con faroles, miradores, fuentes y cenadores.
Un lugar que no puede dejarse de visitar por lo interesante de su contenido y su historia es el Museo de Miniaturas, una colección que perteneciera al doctor Juan Elegido Millán, conocido como el profesor Max. Nacido en la villa estudió medicina y fue un mago e hipnotizador autodidacta que en la época fuera reconocido en todo el mundo.
Su pasión por las antigüedades los llevaron a coleccionar objetos pequeños y gran parte de esa colección que pudo recopilarse gracias al trabajo realizado por el sobrino de Millán, puede admirarse hoy en este museo, que se encuentra en la llamada Plaza de Manu Leguinche, en el Convento de los Franciscanos.
Y por último el Castillo de Peña Bermeja que avizora desde su lugar el extenso y ancho Valle del Tajuña. Su recinto amurallado se conserva en la actualidad casi en su totalidad, destacándose su gran patio de armas y en la parte norte está situada la Capilla de la Vera Cruz de estilo gótico y corte cisterciense, con una nave que se encuentra dividida en dos tramos.
Para quienes decida visitar esta bonita villa de Brihuega, hallarán una excelente infraestructura para pasar un fin de semana desde alojamientos variados con hostales y casas rurales muy pintorescas, hasta magníficos restaurantes donde les será posible disfrutar de la gastronomía de la región.





